Trunco


Lenta, la lluvia arrasa el dolor. La noche que converge se lleva para siempre cualquier signo del pasado.
Dos o tres voces se oyen a lo lejos, pero no sabremos (nunca sabremos) qué es lo que dicen. Se lleva la tormenta repentina mi alma, o al menos, lo que queda de ella. Se extienden Inevitables, los segundo que se volverán horas y al fin, muerte. Mi mente es recorrida por momentos por múltiples e imperceptibles recuerdos.
¿Quién seré en este instante? ¿Qué seré cuándo llegue el alba?
Restan sólo algunas horas y no puedo esperar para descubrir el misterio en el que me convertiré en poco instantes.
Mis ojos se mantienen perplejos, apenas un haz de luz ilumina la habitación. Se aproximan las horas de la mañana y casi no quedan vestigios de la vida anterior.
No he dormido ni por un instante, así que no diré que “he despertado para descubrir”, simplemente diré que he descubierto, casi ya sin asombro, todas mis mutaciones.
En las primeras horas de la madrugada, mi piel, disfraz de mi cuerpo, se ha desprendido por completo, dejando al descubierto la carne viva. Como el fénix, que renace de entre las cenizas, lenta, pero constantemente, se ha regenerado. Su color no es el mismo, es mucho más blanco (ahora es blanquísima).

Llueve, o al menos eso creo. Las gotas se apresuran a mi ventana y salpican mis ojos (que ya no son los míos), la lluvia los abraza (¿o serán lágrimas?). Han cambiado. No lo veo, nada veo en esta oscuridad empero, lo siento. Siento cómo su color ha trasmutado, quizá ahora tengo ojos del tiempo.
No tengo cabello, daño colateral del cambio, pero el cuero cabelludo parece albergar alguna esperanza, al menos una muy remota.
Todo ha sido arrasado. Ha desaparecido mi soledad, se han deshecho mis recuerdos. Se ha ido todo, hasta la luz del día.
¡Es tan oscura la habitación!
No me quejo, no quiero mi puedo quejarme, porque durante años añoré el cambio que, en esta noche lúgubre, me ha sido concedido.
Lo busqué con desesperación y candor; lo esperé con rencor; lo amé, lo invoqué y conjuré con todo cuanto ha existido.
Ahora, con asco, recelo y resentimiento me adentro a la verdad: todo ha cambiado en mí. Han desaparecido los rastros de la persona que fui, las comisuras de mis labios, el color de mi sangre y hasta parte de mis recuerdos. En sana evaluación, he dejado de ser.
El día cabalga a galope, el plazo está casi acabado.
Escudriño en lo más profundo del alma, ¿qué quedará de mi?
Queda la esencia, quedan vastos recuerdo con lo que, de seguro, podré reconstruir mi vida anterior.
Queda todo, los odios, el dolor, los sueños. ¿Qué es lo que pasa? ¿No era, acaso, ésto lo que debía olvidar?.
Con devastador rencor, descubro que aún soy yo. Mi mente está intacta, todo aquello que durante las primeras horas de la madrugada pareció desaparecer del espíritu, ha vuelto y con doble fuerza.
Conservo mi edad y mis sueños de gloria. Llevo con horror el peso en mis hombros de aquellos que me antecedieron. Al parecer, he sido capaz de liberarme de todo cuanto no me importaba. En vano han sido los esfuerzos; porque en estas difusas tinieblas me encuentro enfrente de mí misma: no ha mutado mi alma, no ha cambiado mi ser.
Es posible, que ahora nadie me reconozca, pero eso no es un cumplido. Porque yo, la única persona que debía olvidarme, me recuerdo con más frescura que nunca.

1 expresiones:

  1. Net dijo...

    Aunque sí en el viaje que emprendimos con la pavorosa huída. Le conté asimismo nuestras aventuras en Moscú antes de que apareciera ella. Y finalmente la pura verdad de todo.




    Hilos de colores regenerada

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