Sobre Claridades


El hombre está loco y yo, amo su locura. Traté y traté de evitarlo, pero en vano lo he hecho. Primero pensé que era algo así como el destino, como los caminos que estaban predestinados a cruzarse, como los desiertos que no saben de formas o huellas. Creí que una especie de fuerza natural, guiada por un algo místico, nos acercaba y unía.
Tal vez ahora veo con claridad. No hay misterio tras las obsesiones, no hay caminos más que los inventados y el destino no juega de mi lado.
Pero, ¿qué es la claridad? ¿Hay alguien que pueda asegurarlo?. Pues yo no. La claridad podría ser la que sentí la noche en la que me enfrenté por primera vez a la belleza de su creación, ¿porqué no?. O podría ser la tarde en que lo vi por vez primera. O el hecho, los hechos, que me hicieron pensar que algo así existía.
La claridad puede ser la mía o la de él. Puede ser habernos perdido toda la vida, caminando en círculos de 300 metros a la redonda. O tal vez ser dos polos exactos en un mundo imperfecto.
Un día me emborraché, escribí estupideces y se las envié. El infausto no atinó siquiera a responder, ¿es eso claridad? Pues claro, mi claridad de lo más sincero que he dicho, porque no podía ocultar nada. Su claridad de abstenerse a decir una mentira.
En definitiva, existe una claridad, que es tan poco clara que podría pasar toda la vida tratando de hallarla. No tengo toda una vida, o sí. Pero ya no es toda, eso, querido, te lo puedo asegurar.

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